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Consejo del doctor

¿Qué hacer si tiene fiebre?

Muchos padres tienen algo en común: el miedo a la fiebre. Sobre todo cuando la temperatura corporal supera los 40 grados. Las siguientes líneas deberían ayudarle a evaluar correctamente una fiebre.

En primer lugar: la fiebre no es una enfermedad, es un signo de que el cuerpo está luchando contra una enfermedad. Para mí, como pediatra, el nivel de fiebre no es realmente un criterio relevante para evaluar a un niño.

Empecemos por los hechos: La temperatura corporal central ronda los 37 grados o, para ser más precisos, oscila entre 36 y 38 grados. La temperatura de la piel suele ser más alta, pero esto es irrelevante. En algunos casos, la temperatura sube con una actividad física muy intensa, pero normalmente hablamos de fiebre cuando la temperatura supera los 38 grados.

La fiebre es una reacción natural del organismo a los agentes patógenos. Las sustancias mensajeras del sistema inmunitario elevan la "temperatura de funcionamiento", aumenta el metabolismo (respiración más rápida, pulso más alto, sudoración), las células cerebrales se vuelven más irritables, pueden producirse alucinaciones (delirio febril) e incluso convulsiones febriles. (No obstante, trataremos los raros casos de convulsiones febriles en un vídeo y una hoja informativa aparte)

IMPORTANTE: ¡La fiebre no puede hacer que un niño "se queme"! Para sufrir la llamada hipertermia, hay que caminar por el desierto sin suficiente líquido, por ejemplo. En principio, el límite superior natural del organismo para la fiebre es de 41,5 grados.

MUY IMPORTANTE: El nivel de la fiebre no se correlaciona con la gravedad de la enfermedad. Por ejemplo, la fiebre de 3 días es una infección vírica muy inofensiva en bebés y niños pequeños y suele ir acompañada de fiebre muy alta. Los niños suelen gozar de buena salud general. Por otro lado, hay niños que no tienen fiebre o sólo tienen una fiebre leve y están realmente enfermos de gravedad.

De hecho, la fiebre hace que se produzcan más anticuerpos en el organismo y que el entorno vital sea menos favorable para los virus y las bacterias. Por lo tanto, bajar la fiebre no es realmente útil, porque también ralentiza el proceso de curación.

Como siempre, abogo por el sentido común o por un sano término medio. Es decir, dejar que el niño tenga fiebre si no se encuentra demasiado mal. Si el dolor es demasiado intenso, dale algo si es necesario, sobre todo como analgésico más que como febrífugo. Los medicamentos habituales, ibuprofeno y paracetamol, siempre reducen el dolor y también la fiebre.

¿Y cuándo hay que llevar al niño al médico? Siempre que el estado general parezca extraño. Por ejemplo, un niño con 38,5 de fiebre puede ser un caso para el médico porque está totalmente apático y no se comporta con normalidad. Por otro lado, hay niños con una temperatura corporal superior a 39 grados que siguen estando vitales.

Siempre se debe consultar a un médico en el caso de bebés con fiebre en los primeros seis meses de vida. En el caso de niños mayores, suele ser posible esperar de uno a tres días, teniendo en cuenta los criterios anteriores. Lo que no hay que olvidar En el contexto de una infección vírica, no es inusual que la fiebre dure hasta siete días.

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