Meningococo I: cuadro clínico
Las infecciones por meningococos (bacterias que pueden causar una peligrosa meningitis, por ejemplo) son, afortunadamente, muy poco frecuentes y, afortunadamente, también podemos hacer mucho para prevenirlas con vacunas (más sobre esto en la Parte II).
Pero el problema de las infecciones meningocócicas es que, cuando se producen, suelen ser muy graves. Los niños, los bebés, suelen empeorar muy, muy rápidamente. Y sigue habiendo una elevada tasa de mortalidad, superior al 10%. Por tanto, es aún más importante prevenir esta enfermedad o, si se produce, reconocerla en una fase temprana.
¿Qué debemos tener en cuenta?
Hay que diferenciar. En los lactantes, estas infecciones suelen presentarse sin mayores síntomas acompañantes, a veces ni siquiera tienen fiebre. Y por eso nuestro mantra es: un lactante que tenga un aspecto extraño, es decir, pálido, con mala circulación, que no beba bien y que no se mueva, patalee o mire mucho cuando está despierto, que simplemente no esté muy activo y parezca apático o letárgico, debe ser visto por un médico lo antes posible.
En niños y adolescentes, las infecciones suelen progresar de tal forma que tienen fiebre, dolores de cabeza y vómitos y simplemente no se encuentran bien. Además, hay dos síntomas que se mencionan a menudo y de los que hay que saber un poco.
Uno es la llamada rigidez de nuca, que a menudo se confunde con el dolor de extremidades. Hay una buena prueba para reconocerlo: coge un trozo de papel y pídele al niño que lo pellizque bajo la barbilla para que no pueda sacarlo fácilmente. Si el niño puede hacerlo, seguro que no tiene rigidez de nuca.
El segundo punto son las llamadas petequias. Esto es bastante difícil de explicar. Son pequeñas hemorragias en la piel que se diferencian de un sarpullido en que no se pueden exprimir. Sin embargo, las petequias también suelen aparecer con infecciones víricas inofensivas. Ocurren cuando los niños tienen que toser o escupir mucho, en cuyo caso pueden tener petequias en la cara. Por eso no es adecuado como único criterio. Pero una cosa está clara: si se producen y además el niño presenta un mal estado general, también hay que examinarlo rápidamente. Y si le preocupa que el niño tenga petequias, también es aconsejable acudir a la consulta del pediatra. Sin embargo, en un niño que por lo demás goza de buen estado general, no hay motivo para alarmarse.
Una frase más sobre el tratamiento: Éste se lleva a cabo con antibióticos, lo antes posible e inicialmente siempre en régimen de hospitalización, para que también sean posibles las medidas de cuidados intensivos.
Más información: Meningococo II - el calendario de vacunación
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